El miércoles fue un día especial, Iban y yo celebrábamos nuestro cuarto aniversario, y desde el minuto uno estuvo lleno de sorpresas. Flores, regalos y una estupenda cena. Pero sobre todo los dos estabamos como tontos, con una sonrisa de oreja a oreja, y con exceso de palabras bonitas.... si es que, a veces, el romanticismo se apodera de nosotros.